URUGUAY: POLÍTICA Y OTRAS YERBAS.

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lunes, 23 de octubre de 2006
¿Genuflexos o cómplices?

En una nota reciente tildábamos al ex presidente J. Ma. Sanguinetti y a Wilson Ferreira Aldunate de genuflexos frente al "poder militar". Este calificativo hacía referencia a que los dos mayores líderes de cada uno de los partidos tradicionales de entonces, año 1986, se habían puesto de acuerdo en votarles a los militares criminales la tristemente famosa ley de impunidad y evitar así que éstos fueran juzgados. No nos asombró que nadie se ofendiera por lo expresado sobre el ex presidente colorado. Y que así ocurra es de toda lógica: Sanguinetti ha sido el gran colaborador con que han contado los golpistas desde la vuelta a la democracia. Los colorados lo tienen bien asumido. En cambio, acerca del extinto líder nacionalista, algún ciudadano blanco se sintió muy molesto por el término empleado y nos criticó diciéndonos que utilizábamos diatribas que menoscababan la inteligencia al referirnos de ese modo a Wilson. Corresponde, entonces, hacer algunas aclaraciones.

Antes que nada, no sólo para la política, sino que para cualquiera de los órdenes de la vida, está claro que se menoscaba la inteligencia cuando se interpretan los hechos con la pasión de las entrañas, que generalmente terminan por empañar nuestro sano juicio. Dicho esto, entonces, y para evitar esa visión distorsionada de la realidad, en este caso concreto, conviene ir a fuentes históricas incuestionables -como las propias declaraciones de prensa de los implicados- que evacuan cualquier duda y nos dan una visión exacta de ese pasado, que aunque nos duela, existió y debemos asumirlo. Ahora, lo extraño de todo esto es que el gran caudillo blanco (debería haberlo sabido el correligionario) ya había colaborado, y muy estrechamente, con J. Ma. Bordaberry asegurándole los votos para consagrar una ley que terminó por darle apoyo legal, y también político, a las fuerzas de la represión en 1972. Las mismas que terminarían conculcando todos nuestros derechos y haciendo vivir a todos los orientales los peores 12 años de toda la historia del Uruguay. Pero vayamos a los hechos.

Durante los años del gobierno de J. Pacheco Areco la rosca oligárquica se instaló directamente en los principales ministerios y la represión a los movimientos estudiantiles, sindicales y populares alcanzaba ribetes desconocidos para los uruguayos. La guerrilla, a su vez, intensifica su accionar y cuando muchos de sus actos se vuelven sangrientos comienza a perder la simpatía que había gozado en sus primeros tiempos. Por su parte, los escuadrones de la muerte y las bandas fascistas venían operando con la total complicidad del aparato represivo, que en definitiva, siempre terminaba colaborando con ellos. El avance de las fuerzas reaccionarias se hacía cada día más incontenible, y el poder político iba perdiendo una a una todas las pulseadas con el poder militar que contaba con mucho apoyo dentro de los propios partidos tradicionales. Pero detengámonos en el 14 de Abril de 1972. El MLN asesina a cuatro integrantes de los escuadrones de la muerte. Como represalia las fuerzas represivas asesinan a ocho tupamaros, y acribillan a balazos la sede del PCU. Pocos días después asesinan a las ocho militantes comunistas de la seccional 20. Como vemos, los gorilas asesinos amparados en el poder del estado venían ejerciendo todo tipo de atropellos con la complacencia del gobierno de Bordaberry, que no sólo hacía la vista gorda ante los excesos, sino que los alentaba y que compartía sus métodos de actuación. Pero estos "señores del terror" a partir de ese día, también contarían con la colaboración del PN con su principal líder a la cabeza. El diario "EL DÍA" del 15/4/72 citaba a Wilson que decía: "de no haberme invitado a venir el presidente (Bordaberry), igual hubiera concurrido a ofrecerle mi colaboración". En esa reunión se definía la concreción de otra tristemente recordada ley. Claramente Wilson accedió a brindarles los votos que necesitaban del PN para promulgar la ley que declaraba el estado de Guerra Interno. Fue el último espaldarazo que necesitaban los militares fascistas para seguir con su escalada de muerte, tortura e impunidad. Era el marco legal para tener allanado el camino para seguir encaramándose en el poder y hacernos vivir, a todos los uruguayos, 12 años de una terrible dictadura de los que todavía muchos llevamos cicatrices. "EL PAÍS" decía ese mismo día: "El PN, como siempre, escribiendo otra de sus mejores páginas en los momentos en que la república lo exige". La rúbrica al pie de esa página la puso Wilson y con letras de molde. ¿Por qué razón el gran caudillo blanco --que bien sabía de los peligros de una ley que soltaba aún más las riendas al ya desbocado aparato militar represivo--, dio sus votos al futuro dictador Bordaberry, es algo que nunca terminaremos de entender?

En cambio, qué diferente la postura de Zelmar Michelini ante la misma coyuntura histórica. Como supo tener una apreciación tan ajustada a la realidad de aquellos días. Batalló en cámara junto a los pocos senadores que la izquierda tenía entonces para que dicha ley obsecuente y "entreguista" no se aprobara. No lo consiguió, pero sus palabras tomadas en "MARCHA" a la semana siguiente, son tan claras como premonitoras: "Los gobiernos que son tolerantes con los planteos militares terminan siendo sus prisioneros; los gobiernos débiles frente a las exigencias militares (...) terminan sumiendo al país en situaciones peores". Y así fue. Wilson dio los votos del PN para que esto fuera así. Nadie lo puede negar.

Tampoco nadie puede negar la lucha en pos del reestablecimiento democrático que el jefe del nacionalismo libró durante los años de plomo. Eso nadie lo discute, aunque este no sea el tema de estas líneas. Lo que sí es el tema, -y el tema central de todos estos dichos- es que Wilson nos volvió a decepcionar en 1986 cuando colaborando con Sanguinetti, tuvo destacada participación en la elaboración de otra humillante ley, cuando dio sus votos para que la ley de impunidad fuera aprobada. Situémonos a fines de ese año. El Ministro de Defensa del gobierno de Sanguinetti, el gorila Medina, haciendo uso de las bravuconadas a las que nos tenían acostumbrados, amenaza con que las citaciones judiciales a los militares genocidas nunca saldrán de su despacho. Los obsecuentes cumplen las órdenes del ex comandante y casi sin respiro montan una sesión grave y urgente del parlamento donde se aprueba la ley de impunidad. Los únicos que votan en contra en dicha sesión son la izquierda toda, y tres legisladores blancos con Carlos Julio a la cabeza.

Wilson dio un emotivo discurso en la explanada de la Intendencia luego de ser liberado. Es bien recordado, además, porque allí aseguró en todos sus términos la gobernabilidad a la administración Sanguinetti, inaugurando así la era de los gobiernos blanquicolorados que nos dominaron en los últimos 20 años. Ahora, ¿esa gobernabilidad también incluía dar la impunidad a los asesinos como Gavazzo? Creemos que no. Pero no hay peor cuña que la del mismo palo. Recuérdese lo que declaró Matilde Rodríguez, viuda de Gutierrez Ruiz a "BRECHA" el 26/12/86: "el mayor responsable de la aprobación de la ley (de caducidad) es Wilson Ferreira".

Por su parte Guillermo Chiflett, en la edición de "BRECHA" del 19/12/86 analizaba la situación histórica con una clarividencia pasmosa: "Mejor esperemos. Finalmente los hechos --concretos, irrefutables-- dirán que cosa se vota y quiénes lo hacen. Los crímenes de las últimas y sombrías décadas... tienen una característica curiosa: antes de la determinación --que se hará--de quienes los cometieron, quizás estemos condenados a conocer a sus cómplices". Y claro que ha sido así. Hemos vivido 20 años condenados a saber los nombres de cada uno de los cómplices blancos y colorados que aseguraron que los militares asesinos nunca fueran juzgados. Pero como lo anticipara Chiflett, la determinación de quienes cometieron los crímenes de lesa humanidad, finalmente se consiguió. Claro está, tuvo que llegar al gobierno el Frente Amplio para que la verdad y la Justicia se conquistaran. Tuvimos que esperar dos décadas de oprobio, dos décadas de postergaciones, pero al final lo logramos. La inmensa mayoría de los uruguayos impuso su voluntad y finalmente volvimos a ser todos iguales ante la ley

Por eso lo del encabezado de la presente: si tanto molestó a algún correligionario blanco el adjetivo que utilizamos para definir la actitud de "Sanguinetti y su socio de la gobernabilidad Wilson" de genuflexos en aquella instancia, bien podemos valernos del término que tan magistralmente empleó con tanto acierto Chiflett en esa ocasión. Considerémoslo: tal vez ni Sanguinetti ni Wilson hayan realizado ni un solo acto de genuflexión ante los militares golpistas. Pero de lo que no hay duda, ni la más mínima, es que han sido cómplices de los asesinos que -- gracias a ellos mismos--, nunca fueron presos. Cómplices de los militares torturadores, violadores y hasta ladrones, cuando blancos y colorados les aseguraron dos décadas de impunidad con su magna obra: la ley de caducidad y su aplicación, que nunca permitió que ni siquiera se supiera la verdad, que ni siquiera se investigara acerca de los niños desaparecidos.

Ahora, si estas actitudes importan como mera expresión de un calificativo, creo que no sabemos nada de todo lo amargo y triste que nos pasó a todos los uruguayos por esos años. Quizás sea por esto, y tantas otras cosas más por el estilo, que muchos políticos blancos y colorados se oponen tan tenazmente a que las nuevas generaciones conozcan el pasado reciente con rigor histórico. Ya es hora que aprendamos de los errores del pasado y que admitamos cuánto nos hemos equivocado. Es cierto, también, que algunos se equivocaron mucho más que otros y el tiempo, inexorablemente, comenzó a pasar sus facturas. Es esto lo que a muchos les duele. Es por esto que tantos se niegan a que se conozca la verdad histórica en todos sus términos. Saben bien que la Historia no los absolverá.


José Miguel García
jomigarcia@hotmail.com



Nota: Las citas textuales de la prensa de la época fueron tomados de "Desde las rotativas: cincuenta años de historia (1950-1999)", coordinado por el Profesor Carlos Machado y publicado por "BRECHA" y La Fundación Vivian Trías.

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