No estamos para controvertir en términos jurídicos las opiniones de ciertos políticos leguleyos --esos que hacen interpretaciones del Derecho que abochornan hasta al más lego--, tratando de justificar lo injustificable. Sería perder el tiempo. Nos referimos a las declaraciones acerca de los ex jerarcas de OSE, ahora procesados, hechas por los más conspicuos dirigentes del Partido Colorado, que hablan por sí solas. Pero convendría hacer unas reflexiones de orden político sobre las mismas que sí vienen al caso. Jorge Batlle, buscando excusas, ha dicho que en realidad quien está en falta es el Código Penal uruguayo (algo así como que la culpa la tiene el delito y no los malhechores). Sanguinetti, tratándose de sacar el lazo del cuello y en su verborrágico estilo, se puso a hablar de la caza de brujas y de las persecuciones que está recibiendo su partido (¿pero acaso la Ley no debe perseguir a los delincuentes?).
Todas estas afirmaciones, claro está, no hacen más que reafirmar que los dos ex presidentes son los más dignos representantes de una forma de hacer política que tuvo en su seno a colegas como los ahora procesados. Están haciendo el penoso papel de salvar el honor de quienes nunca lo tuvieron. Están demostrando, una vez más, que son la esencia misma de lo que defienden en sus correligionarios presos. Son declaraciones de autistas que se niegan a reconocer la realidad, de la que tratan desesperadamente de escapar. Es que este presente nuevo ha sido ruinoso para sus intereses y sus viejas mañas de politiquería barata y corrupta que todos los uruguayos --de más está decirlo--, estamos decididos a desterrar definitivamente de entre nosotros.
Hay algo que no podemos olvidar: en plena campaña electoral, y también en innumerables ocasiones, el Frente Amplio prometió que se harían las investigaciones y las auditorías correspondientes en todos los organismos del Estado una vez arribados al Gobierno, y de encontrarse mérito, se enviarían los antecedentes a la Justicia. Se está cumpliendo con la promesa electoral, se está haciendo honor a lo ordenado por el Pueblo Uruguayo a través de las urnas. Por esto también, entre muchas cosas más, fuimos elegidos para cambiar los destinos de este País. En este sentido se están viendo las primeras actuaciones de nuestro Poder Judicial, libre e independiente, que se ha expedido con estos fallos, que no reconocen únicamente delitos asociados a la responsabilidad funcional de unos jerarcas. En el auto de procesamiento se incluyen, también, delitos bien "comunes" como lo es la alteración de documentos públicos, y la concreción de varios fraudes (se adulteraron o falsificaron boletas de gastos, se cobraron viáticos por giras que nunca se hicieron, se declararon gastos sin los correspondientes comprobantes que los justificaran, se utilizaron con total discrecionalidad los autos oficiales en beneficio propio y otro tanto se hizo con los contratos con los fleteros, por decir algo).
No nos equivoquemos. Ha sido la Justicia quien los ha perseguido y encarcelado. Ha cumplido con su deber que, además, es el que exigimos vehementemente todos los ciudadanos de este país ante cualquier delito. Los gobiernos blanquicolorados de antaño nunca permitieron que sus administraciones fueran investigadas. Así, este tipo de cosas que desde siempre habían sido moneda corriente --y que la mayoría de los uruguayos condenábamos--, podían seguir encubiertas. Ciertos políticos, como los ahora procesados, toda la vida, estuvieron desacreditando una actividad tan noble como lo es la Política, llenándose los bolsillos a costillas del Pueblo. Han deshonrando a la Política con mayúsculas, que ante todo es entrega desinteresada al servicio de un ideal y sacrificio personal por lograr el bien común que beneficia a todos por igual. Hoy, esos malos dirigentes comienzan a pagar sus culpas. Por suerte, gracias a ello, también, comienza ha separarse definitivamente la paja del trigo. Hubo una casta de políticos que se servían de la política para lograr sus provechos personales. El Pueblo les dio la espalda con su voto y ahora les llegó el turno de saldar otras cuentas pendientes, pero esta vez con la Justicia.
Decíamos que este presente nuevo había sido ruinoso para la vieja forma de hacer política. No es para menos. Primero, recibieron una ominosa derrota electoral. Por decoro deberían haber renunciado y haberse retirado definitivamente de la vida pública. Le hubieran hecho un enorme favor a su partido y también al País. Pero no les bastó con esto. Necesitaban sentir en carne propia la derrota moral que en estos dos últimos años y pico les está propinando el proceder del gobierno progresista. Se acabó con el clientelismo, con la tarjetita de recomendación, y con los favores políticos. Se acabó con el despilfarro y con el beneficio personal gracias a la función pública. Se acabó con los contratos de obra para los amigos, con la generosa publicidad para el pasquín y la radio del pueblito, y con las indiscriminadas donaciones que se otorgaban tanto al club de bochas como a la comisión para erigir el monumento al golero (¿o era al caballo?). Pero mucho más que todo lo deshonesto que se dejó de hacer, es todo lo decente que con el ejemplo se está predicando. La austeridad y la buena administración están al orden de día en todo el aparato estatal (el Presidente dio exhaustiva cuenta de todo esto en su discurso del 1ro de marzo último). Y más que nada se está reivindicando la naturaleza primera del político de verdad, el del servidor público que permanentemente debe estar rindiendo cuentas a sus electores y al pueblo todo por sus actos. Por esto nosotros no nos sentimos perseguidos. Tampoco le tememos a la Justicia. Y mucho menos nos amparamos a ningún fuero para salvarnos. Eso está bien claro.
Cuando el otro día salían del Juzgado, ya notificados de su procesamiento, estos dirigentes colorados, se escuchó a uno de ellos gritar: "¡VIVA EL PARTIDO COLORADO!". Tal proclama nos sonó patética. Sentimos dolor ajeno, como si los actos ilícitos hubieran sido cometidos para honrar "divisas ya desmerecidas", como diría la canción. Y de inmediato vinieron a nuestra memoria aquellos famosos dichos de Jorge Batlle por las que tuvo que ir a pedir perdón a Buenos Aires. Y nos preguntamos: ¿no habrán sido aquellas palabras, además de todo, premonitorias?, ¿no habrán sido también, sin quererlo, un juicio anticipado de la propia condición actual de su partido? A nosotros, de todo corazón, nos parece que es así.
Todas estas afirmaciones, claro está, no hacen más que reafirmar que los dos ex presidentes son los más dignos representantes de una forma de hacer política que tuvo en su seno a colegas como los ahora procesados. Están haciendo el penoso papel de salvar el honor de quienes nunca lo tuvieron. Están demostrando, una vez más, que son la esencia misma de lo que defienden en sus correligionarios presos. Son declaraciones de autistas que se niegan a reconocer la realidad, de la que tratan desesperadamente de escapar. Es que este presente nuevo ha sido ruinoso para sus intereses y sus viejas mañas de politiquería barata y corrupta que todos los uruguayos --de más está decirlo--, estamos decididos a desterrar definitivamente de entre nosotros.
Hay algo que no podemos olvidar: en plena campaña electoral, y también en innumerables ocasiones, el Frente Amplio prometió que se harían las investigaciones y las auditorías correspondientes en todos los organismos del Estado una vez arribados al Gobierno, y de encontrarse mérito, se enviarían los antecedentes a la Justicia. Se está cumpliendo con la promesa electoral, se está haciendo honor a lo ordenado por el Pueblo Uruguayo a través de las urnas. Por esto también, entre muchas cosas más, fuimos elegidos para cambiar los destinos de este País. En este sentido se están viendo las primeras actuaciones de nuestro Poder Judicial, libre e independiente, que se ha expedido con estos fallos, que no reconocen únicamente delitos asociados a la responsabilidad funcional de unos jerarcas. En el auto de procesamiento se incluyen, también, delitos bien "comunes" como lo es la alteración de documentos públicos, y la concreción de varios fraudes (se adulteraron o falsificaron boletas de gastos, se cobraron viáticos por giras que nunca se hicieron, se declararon gastos sin los correspondientes comprobantes que los justificaran, se utilizaron con total discrecionalidad los autos oficiales en beneficio propio y otro tanto se hizo con los contratos con los fleteros, por decir algo).
No nos equivoquemos. Ha sido la Justicia quien los ha perseguido y encarcelado. Ha cumplido con su deber que, además, es el que exigimos vehementemente todos los ciudadanos de este país ante cualquier delito. Los gobiernos blanquicolorados de antaño nunca permitieron que sus administraciones fueran investigadas. Así, este tipo de cosas que desde siempre habían sido moneda corriente --y que la mayoría de los uruguayos condenábamos--, podían seguir encubiertas. Ciertos políticos, como los ahora procesados, toda la vida, estuvieron desacreditando una actividad tan noble como lo es la Política, llenándose los bolsillos a costillas del Pueblo. Han deshonrando a la Política con mayúsculas, que ante todo es entrega desinteresada al servicio de un ideal y sacrificio personal por lograr el bien común que beneficia a todos por igual. Hoy, esos malos dirigentes comienzan a pagar sus culpas. Por suerte, gracias a ello, también, comienza ha separarse definitivamente la paja del trigo. Hubo una casta de políticos que se servían de la política para lograr sus provechos personales. El Pueblo les dio la espalda con su voto y ahora les llegó el turno de saldar otras cuentas pendientes, pero esta vez con la Justicia.
Decíamos que este presente nuevo había sido ruinoso para la vieja forma de hacer política. No es para menos. Primero, recibieron una ominosa derrota electoral. Por decoro deberían haber renunciado y haberse retirado definitivamente de la vida pública. Le hubieran hecho un enorme favor a su partido y también al País. Pero no les bastó con esto. Necesitaban sentir en carne propia la derrota moral que en estos dos últimos años y pico les está propinando el proceder del gobierno progresista. Se acabó con el clientelismo, con la tarjetita de recomendación, y con los favores políticos. Se acabó con el despilfarro y con el beneficio personal gracias a la función pública. Se acabó con los contratos de obra para los amigos, con la generosa publicidad para el pasquín y la radio del pueblito, y con las indiscriminadas donaciones que se otorgaban tanto al club de bochas como a la comisión para erigir el monumento al golero (¿o era al caballo?). Pero mucho más que todo lo deshonesto que se dejó de hacer, es todo lo decente que con el ejemplo se está predicando. La austeridad y la buena administración están al orden de día en todo el aparato estatal (el Presidente dio exhaustiva cuenta de todo esto en su discurso del 1ro de marzo último). Y más que nada se está reivindicando la naturaleza primera del político de verdad, el del servidor público que permanentemente debe estar rindiendo cuentas a sus electores y al pueblo todo por sus actos. Por esto nosotros no nos sentimos perseguidos. Tampoco le tememos a la Justicia. Y mucho menos nos amparamos a ningún fuero para salvarnos. Eso está bien claro.
Cuando el otro día salían del Juzgado, ya notificados de su procesamiento, estos dirigentes colorados, se escuchó a uno de ellos gritar: "¡VIVA EL PARTIDO COLORADO!". Tal proclama nos sonó patética. Sentimos dolor ajeno, como si los actos ilícitos hubieran sido cometidos para honrar "divisas ya desmerecidas", como diría la canción. Y de inmediato vinieron a nuestra memoria aquellos famosos dichos de Jorge Batlle por las que tuvo que ir a pedir perdón a Buenos Aires. Y nos preguntamos: ¿no habrán sido aquellas palabras, además de todo, premonitorias?, ¿no habrán sido también, sin quererlo, un juicio anticipado de la propia condición actual de su partido? A nosotros, de todo corazón, nos parece que es así.
José Miguel García
jomigarcía@hotmail.com
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