URUGUAY: POLÍTICA Y OTRAS YERBAS.

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lunes, 21 de mayo de 2007
Lamentablemente el discurso del General Rosales en los festejos del 18 de Mayo último terminan de confirmar lo que temíamos: nada ha cambiado para la Institución Armada desde el ascenso del nuevo Comandante. El Ejército no sólo sigue apañando y justificando a los militares golpistas, sino que además continua reivindicando todo lo hecho durante la dictadura y excusándose de su responsabilidad institucional. Las Fuerzas Armadas durante los años de plomo no hicieron más que salvar a la Patria de las garras del terrorismo. Así lo aseveró con total firmeza el Comandante en el citado acto. Respecto a este particular fue enfático: el Ejército respondió "a la acción de aquellos sectores de la sociedad que intentaron derrocar a gobiernos democráticos a través de las armas". Poniéndolo en claro, entonces, esto quiere decir que definitivamente la institución castrense actuó correctamente cumpliendo con su deber cuando debió enfrentarse a la guerrilla armada. Y además, lo hizo para salvar a las Instituciones Democráticas.
No creemos que sea una "de las extemporáneas y parcializadas interpretaciones históricas" evaluar que en realidad por aquellos días el Uruguay nunca experimentó un conflicto bélico no convencional (como a algunos les gustaba llamar a la insana y cruel represión que ejercieron la Fuerzas Conjuntas contra toda la izquierda nacional, y no sólo contra los guerrilleros). Es más, ni siquiera existieron focos aislados de resistencia armada. Eso lo sabe cualquiera que haya vivido los años terribles y tenga más de dos dedos de frente. El movimiento guerrillero nunca representó un peligro bélico real, sencillamente por su escasísimo y débil aparato armado. Y la prueba de ello es que para fines de 1972 la guerrilla ya estaba totalmente derrotada y sus principales cuadros asesinados o presos como rehenes.
Ahora bien, Sr. Comandante, supongamos que sí, que los equivocados somos nosotros y que existió tal guerra (con la que siempre se llenaron la boca sus camaradas golpistas). Entonces, mucho bien le haría a todo el pueblo uruguayo que nos ilustre y nos haga conocer algunos detalles que bien nos ayudarían a salir de esta visión "parcializada" y llena "de odio y venganza" de la Historia. Por ejemplo, ¿qué nombre tuvo la batalla que se libró contra los militantes desarmados de la seccional 20 del PCU a los cuales se los asesinó impunemente? ¿Qué medalla de honor se dio a los efectivos que demostrando gran valor procedieron con el fusilamiento de los militantes tupamaros en Soca? ¿En qué categoría bélica se encuadra el operativo de la tortura contra los compañeros del PVP y su posterior desaparición que culminó exitosamente cuando se "apropiaron" del dinero de la organización? ¿Cómo se define la acción militar que arrebataba a los hijos recién nacidos a sus madres para luego hacerlas desaparecer? La respuesta a todas estas preguntas y a tantas más como las anteriores es una sola: terrorismo de estado que tuvo en las Fuerzas Armadas a su brazo ejecutor. Más temprano que tarde lo deberán reconocer.
Pero sigamos el razonamiento del Sr. Comandante, y creamos sinceramente que la guerra que libraron contra la sedición fue para salvar a las Instituciones Democráticas. Ahora, a partir del 27 de Junio de 1973, ¿a cuáles Instituciones Democráticas estaban salvando cuando disolvían el Parlamento y proscribían a los partidos políticos? El pueblo uruguayo, más que nunca, debió sufrir que se le conculcaron las pocas libertades que todavía gozaba. Seguramente que fue también en defensa de la Democracia que se llenaron las cárceles, los penales y los cuarteles de presos políticos (fue el país de una América Latina llena de dictaduras que más cantidad de presos políticos tuvo en relación a su población total). Otro tanto debe haber ocurrido cuando se clasificó a todos los ciudadanos en categorías A, B y C y se expulsó a miles y miles al exilio político. Reconocer los propios errores cuando de un hombre hablamos, enaltece su condición humana. ¿Qué deberíamos pedir, entonces, a la Institución Armada que cometió los horrores por todos conocidos, para recuperar el prestigio perdido en el seno de la sociedad uruguaya?
El General Rosales pidió que el Ejército no sea juzgado por "eventuales acciones individuales incorrectas desarrolladas por algunos de sus integrantes". Vale decir, por ejemplo, que la tortura (que fue una práctica común en cualquier detención, incluso desde antes de la dictadura) y que afectó a miles de compatriotas, a partir de ahora ni siquiera la podremos tildar de exceso, como lo hizo su camarada de la Aviación. Por lo tanto, las torturas sistemáticas, los asesinatos, las desapariciones, el robo de bebés, las violaciones y los viles saqueos de las pertenencias de los encapuchados que se practicaron durante todo el proceso cívico militar, luego de este discurso, han alcanzado una nueva dimensión: pasaron a ser "acciones individuales incorrectas" que todavía bien podrían haber sido eventuales. Vaya eufemismo. De aquí en más, entonces, corresponderá decir que por una acción individual incorrecta de algún militar del cuartel de San Javier perdimos al Dr. Roslik, último compañero muerto durante la tortura, ya en los estertores del proceso.
Discursos como los del General Rosales empeoran las cosas y nos traen a la memoria a alguno de sus camaradas que lo precedieron en el cargo, y que mucho mejor sería olvidar. Hasta que la Institución Militar no reconozca y asuma plenamente la violación sistemática y feroz de los derechos humanos de miles y miles de uruguayos (cuya inmensa mayoría nunca empuñó un arma), antes y durante la dictadura, no habrá reconciliación posible. Hasta que la Institución no se depure de toda la escoria humana que revistió en sus filas, (y esto sí que es un ancla del pasado) no habrá ni reconocimiento ni legitimación de las Fuerzas Armadas por parte de la sociedad civil. No es en el olvido y en la tergiversación de la verdad histórica que se podrán fundar nuevas relaciones entre el pueblo uruguayo y el Ejército Nacional. Eso está más que claro.
José Miguel García
jomigarcia@hotmail.com


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