URUGUAY: POLÍTICA Y OTRAS YERBAS.

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sábado, 25 de agosto de 2007
Hay conceptos que tienen la virtud de resumir, en una o dos palabras, la identidad, la naturaleza y la pertenencia a la Izquierda. Son como el santo y seña que nos abre el paso, que nos da la comunión con nuestros iguales, que nos define como compañeros, que nos hace parte indisoluble de ese maravilloso colectivo humano que nunca se cansará de andar tras la Utopía, y que algún día podrá engendrar al Hombre Nuevo fruto del mejor de sus amores.

Nadie duda, entonces, que cuando nos definimos por la mayor Justicia Social, por una igualitaria Distribución de la Riqueza, por la participación activa del Estado, tanto en políticas sociales como en el desempeño de las empresas públicas sustentadas en sus monopolios, hablamos de un colectivo de izquierda. Y mucho más concretamente, del colectivo de la izquierda uruguaya. Izquierda uruguaya que, quizás como muy pocas en el mundo, debió dar duras batallas para salvar a las empresas públicas y a sus monopolios de las garras del neoliberalismo y de las multinacionales sedientas de nuestras riquezas y actividades económicas estratégicas.

Por esto, cuando el Ministro de Economía y el Presidente aseguran que los monopolios de algunas empresas públicas caerán, pone en tela de juicio principios largamente defendidos y nunca cuestionados por la izquierda uruguaya. Es muy malo que figuras principales de nuestro Gobierno hagan declaraciones de esta índole, que van en contra de nuestras convicciones más arraigadas. Además, deberíamos creer que tales aseveraciones, corren por cuenta exclusiva de quienes las formulan, ya que nunca fueron ni siquiera esbozadas en nuestro Programa de Gobierno. Y lo peor de todo, modestamente entendemos, que se cometen algunos errores muy graves en las justificaciones que se hacen de las mismas. Veamos por qué.

Tanto Astori como Vázquez han dicho que la telefonía básica, "de hecho", ha perdido el monopolio por la competencia y el avance de la telefonía móvil. Estos compañeros parecería que han olvidado que no fue "de hecho" sino que fue de derecho y más que nada, que fue por una manifiesta voluntad política del gobierno de Jorge Batlle, que se dio esta situación. Estos compañeros parecen no recordar el famoso remate de las bandas de telefonía celular que "cedió" a transnacionales privadas parte de nuestra soberanía en comunicaciones contraviniendo el monopolio impuesto por ley y refrendado varias veces por el pueblo uruguayo en recordados plebiscitos y recolecciones de firmas.

Lamentablemente, en aquella ocasión, la izquierda dejó solo al sindicato de SUTEL y no dio la batalla para que se respetara el monopolio de ANTEL, también en la telefonía celular. Al menos, deberíamos ser un poco auto-críticos y aceptar la parte que nos corresponde de los errores, que en este caso concreto, por omisión o inacción, ha permitido este tipo de competencia.

En esas declaraciones, también, tanto el Presidente como el Ministro han aseverado con firmeza que es muy bueno que las empresas públicas se preparen para la competencia. Sin embargo, de acuerdo a nuestra identidad e historia, a nosotros nos hubiera gustado que hicieran hincapié en que las empresas del Estado se preparen para dar más y mejores servicios y a las mejores tarifas posibles, como lo vienen haciendo, en particular, durante estos dos últimos años y medio.

La experiencia latinoamericana demuestra palmariamente que la gestión de los servicios públicos privatizados ha sido desastrosa, y que la competencia que mejora los servicios y que baja las tarifas no ha existido en lo más mínimo. Los porfiados hechos demostraron todo lo contrario: tarifas astronómicas con servicios pauperizados. Y aquí mismo, hasta hace muy poco, tuvimos esa experiencia con el suministro de agua potable privatizado. Y no hablemos de lo "bien" que les ha ido a los argentinos con las interminables privatizaciones que todavía hoy padecen. Ahora, ya que estamos, recordemos tan sólo una: la que se hizo a favor de la multinacional TELEFÓNICA (propietaria de MOVISTAR) que ha sido una de las más cuestionadas y controvertidas de todas las que se llevaron a cabo en la vecina orilla. Pero si esto no fuera suficiente, hablemos de México. Las denuncias sobre manejos oligopólicos (que suben tarifas y bajan prestaciones) en el tema de la telefonía en suelo azteca acusan a CTI, junto a otras firmas. A pesar de esto, aquí, en Uruguay, hemos permitido que esa empresa acusada de prácticas desleales "compita" junto a MOVISTAR contra ANCEL. Si nos atenemos a los antecedentes de TELEFONICA y a las prácticas desleales de CTI, ¿puede que la tan beneficiosa competencia perdure? No sería más sensato prepararnos para un posible acuerdo entre ambas multinacionales que tenga por fin exclusivo acabar con ANCEL. ¿Es tan descabellado suponer que esto pueda ocurrir? Esperemos que los hechos futuros no nos den la razón.

No nos podemos hacer trampas al solitario. Hoy por hoy, la "libre competencia" es de dudosos efectos hasta para los mercados otrora más transparentes (p. ej. frutas y verduras). Esto ocurre por la tendencia actual a la concentración en la oferta que facilita enormemente la creación de oligopolios (en nuestro país el caso de la papa es un clarísimo ejemplo de esto). Siendo así incluso a tan pequeña escala, ¿podemos pretender beneficiarnos de la "sana competencia" con multinacionales que prestan servicios públicos y que han demostrado -- una vez y otra también-- que lo único que les importa es maximizar el lucro dejando a los pobres sin prestaciones, y luego abandonando servicios casi desmantelados a la hora de partir hacia nuevos horizontes que ofrezcan mayores ganancias? Ejemplos sobran y no sólo en el Tercer Mundo. Sin ir más lejos, miremos cómo les han complicado la vida a los usuarios europeos gracias a la competencia privada en el mercado energético de la Unión Europea. Las quejas se escuchan a diario y son de todo tenor. Pero no olvidemos algo bien reciente, lo que pasó en Barcelona, inmensa ciudad del Primer Mundo que estuvo varios días a oscuras, y sin metro, viviendo el caos de la competencia perfecta. ¿Esa es la competencia perfecta que queremos para nuestros servicios públicos? Sólo el Estado Nacional puede garantizar que los servicios mejoren, perduren, atiendan fines sociales y logren eficiencia y tarifas acordes. Y no olvidemos que las tarifas de telefonía básica del Uruguay son las más bajas de la región que en su mayoría están privatizados. Y esto sería imposible que ocurriera si se dejara caer los monopolios.

Pero ya que estamos, pongamos toda la carne en el asador: ANCEL está sobradamente preparada para prestar los servicios de telefonía móvil en forma monopólica. No hay adelanto tecnológico que lo impida. Nuestra empresa telefónica siempre ha hecho punta en esos aspectos. Por algo estamos tan orgullosos de ella todos los uruguayos. ¿Por qué debemos seguir resignando casi la mitad de un mercado --de por sí estratégico y de gran desarrollo futuro-- como es el de la telefonía móvil, a favor de empresas multinacionales que en nada nos benefician? Acaso, ¿no es la propia ley de creación de ANTEL la que establece el monopolio, aunque en aquel entonces la telefonía móvil no existiera? ¿Por qué debemos seguir resignando soberanía y recursos a favor de extranjeros? ¿Por qué?

Por último, más azorados quedamos ante el planteo que también caerían los monopolios en materia energética. Muy poco se nos ha informado sobre este tema, por lo que empiezan a surgir todo tipo de dudas y especulaciones: ¿será que se piensa permitir la libre importación de combustibles refinados como quería Lacalle o Jorge Batlle?; ¿será que abriremos la distribución de energía eléctrica a los privados como hoy ocurre en Europa para padecer situaciones como las que vivió Barcelona a oscuras? Pero sin duda, sea lo que fuere, deberemos estar muy atentos. Muy penoso resultaría que tuviéramos que salir a recoger firmas para salvar alguno de los monopolios aún vigentes de nuestras empresas públicas contra nuestro propio Gobierno Progresista. Evitemos a toda costa que ello pueda ocurrir.

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