URUGUAY: POLÍTICA Y OTRAS YERBAS.

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lunes, 08 de octubre de 2007
Nadie lo puede dudar, si hay algo que caracteriza al Gobierno Progresista, es su voluntad de diálogo. Quizás podamos decir que incluso, en muchos casos, esta práctica ha resultado excesiva. En otros, no menos importantes, se ha llevado a cabo con interlocutores poco fiables. Y las más de las veces, no terminó por favorecer los intereses de la mayoría. Y eso sí que verdaderamente nos preocupa.

Analicemos tan sólo dos de estas situaciones bien recientes. En primer lugar, veamos qué sucedió con el conflicto con los anestesistas. Luego de extensas conversaciones se había llegado a un acuerdo, se levantó el decreto de esencialidad y con la más absoluta deslealtad, los anestesistas volvieron a presentar las renuncias, para de este modo ganarle la pulseada al Gobierno. Éste, finalmente, tuvo que acceder a buena parte de sus reclamos. Lo peor de todo es que permitimos que triunfara aquella parte del gremio médico que decididamente pretende que la medicina se siga convirtiendo en una mercancía, dejando así de ser un derecho humano fundamental, al menos para los pobres que no pueden pagarla. Deberían haber elegido otra profesión si les gusta ser negociantes. Eso está claro. Pero lo que no está claro es que el Gobierno se los siga permitiendo. Y además, esta claudicación, pone en serio riesgo la implementación de la reforma que se está proyectando. Una reforma que debería construir un sistema de salud que acabe con los corporativismos médicos que pretenden asegurar y generalizar el lucro desmedido, que tan bien han sabido acumular muchísimos médicos. Mientras tanto, miles y miles de uruguayos no pueden atenderse porque no tienen como solventar el pago de las órdenes y de los tickets, y ni hablemos de los más pobres que se atienden en los hospitales públicos, ni de los niños pobres que se atienden en el Pereyra Rossell que fueron rehenes y víctimas en este conflicto. Los que pretendemos la reforma de la salud no podemos desconocer que los intereses corporativos médicos vienen ganando todas y cada una de estas primeras instancias de cambio. Imaginémonos lo que será cuando la reforma pretenda poner algunas cosas en su lugar, ¿volveremos a dialogar para que sigan saliéndose con la suya, o nos pondremos a defender seriamente los intereses de la mayoría?

En segundo término, tengamos presente al acuerdo que tuvo el Ministro Mujica con los productores de pollo para que éstos bajaran los precios del producto. Recordemos que esto no fue un pedido de mera buena voluntad: se sacrificaron recursos que pertenecen a todos los uruguayos, a través de una rebaja impositiva, para que esto efectivamente ocurriera. Lamentablemente, el erario público perdió esos recursos y el precio del pollo no bajó. Nos tomaron el pelo y se “quedaron” con el dinero de la rebaja del IVA y con algo más también, porque el precio no sólo no bajó, sino que volvió a subir. Ahora que se amenazó con liberar la importación (que de así haber ocurrido, hubiera sido peor el remedio que la enfermedad) aparece un pollo raquítico y congelado para la venta a menor precio. No sabemos si las avícolas están colaborando con los consumidores, o los consumidores, en realidad, lo están haciendo con las avícolas, ya que le están facilitando la salida de un producto de venta muy pesada para nuestro medio. La interrogante queda planteada.

Algo muy parecido también sucedió con las negociaciones por la rebaja de la carne, pero sin ribetes tan descarados. Una rebaja que costó más de un millón de dólares para las arcas del Estado y que, si nos atenemos a las críticas de mucha gente (carne de baja calidad “pura grasa y hueso”) no sabemos si realmente valió la pena. Aunque para muchos de los “oferentes”, este mecanismo, definitivamente, sí que les valió la pena: limpiaron sus cámaras de carne para manufactura mejorando notoriamente sus ganancias.

Ahora bien, ya que somos tan afectos a conversar con operadores económicos que lo único que les interesa es el lucro, y que no pierden ninguna oportunidad de acrecentarlo, incluso aquellas donde el Gobierno de buena fe dispone el uso de los fondos públicos para otros fines (concretamente para el beneficio de los consumidores y no de los empresarios), ¿no habrá llegado la hora de elegir mejor a nuestros interlocutores, sobre todo cuando manejamos dineros públicos? ¿No habrá llegado la hora de decir basta a que nos sigan haciendo estas "jopeaditas"?

No pedimos que se corte el diálogo, todo lo contrario, profundicémoslo, pero elijamos mejor con quién conversar. Y a nosotros, aunque pequemos de atrevidos, se nos ocurre sugerir con quién podríamos hacerlo para obtener muchos mejores resultados en el futuro mediato y que, cuando usemos los recursos de todos, más que un gasto, estemos haciendo una inversión: ¿por qué no hablamos con aquellos trabajadores que de lo único que disponen es de la fuerza de sus brazos y de muchas ganas de salir de la pobreza de un modo distinto y más digno al de la asistencia? ¿Por qué no le proponemos que se hagan cargo de emprendimientos familiares en pequeños predios con fines de quinta intensiva complementándose con la crianza de animales con el debido asesoramiento y el suministro de los insumos necesarios? Pensamos que sean guiados a dedicarse al cultivo de aquellos rubros que mayores problemas han tenido este último año, de modo de ampliar su oferta, asegurar un mejor suministro y un precio más bajo. No hablamos de dádivas, sino de préstamos reembolsables, incluso cancelables con los mismos productos que cosechen, de forma de ir manejando algún stock regulador de ser posible. ¿Somos conscientes que con el dinero que se destinó a rebajar la carne y el pollo, podríamos haber constituido cientos de emprendimientos familiares de este tipo?

No está demás aclararlo: lo que estamos proponiendo no vulnera en lo más mínimo los inmaculados principios de la economía de mercado, que con tanto ahínco y dedicación se ha esforzado en preservar nuestro Gobierno Progresista. Simplemente pedimos que se faciliten los medios para diversificar y ampliar en forma persistente y permanente la oferta de estos productos básicos. No estamos proponiendo "el socialismo a la vuelta de la esquina", como dice el Ministro Mujica que le han pedido muchos compañeros que haga. Ni siquiera estamos pidiendo detracciones a la exportación de carne, o prohibirlas directamente, como ha hacho el gobierno "socialista" de la Argentina. No importa que en este último año se batieran todos los récords de exportaciones de carnes uruguayas, y que los ganaderos y los frigoríficos nunca hayan embolsado tanto dinero como en este tiempo. Tampoco importa que el pueblo uruguayo haya pagando precios de oro por la carne y que lo siga haciendo hoy o limitando su consumo. Y menos aún importa que esta lógica perversa que enriquece como nunca a muy pocos, haya tenido que enviar a más de 2000 trabajadores de los frigoríficos al seguro de paro. Lo importante es no tocar nada ni a nadie, así todos juntos podemos gritar al unísono: ¡viva el libre mercado, Ministro!

Seguimos pensando que vivimos en el mejor de los mundos y damos las cifras estadísticas de esto y de aquello que lo confirma. Pero no somos capaces de reconocer que la popularidad del Gobierno está cayendo en picada. Y esto no es por mérito de la mediocre oposición, si no por el pésimo manejo que hemos tenido acerca de los precios de la canasta básica. Ese es el punto que crea el descontento y que pega fuerte sobre la popularidad del Gobierno. Los grupos de poder lo han sabido manejar a las mil maravillas, ya bien para hacer más dinero, ya bien para aumentar el descontento. ¿No nos damos cuenta que a Juan Pueblo poco le importa la inflación menor al medio punto de Setiembre? ¿No nos damos cuenta que lo que le importa a la gente común es el precio de la carne, del arroz, del tomate, de la papa, y que estos precios no bajan? ¿Cuándo vamos a darnos un baño de realidad?

Y hablando de esto mismo, y de nuestra vocación de diálogo, ¿cuándo vamos a conversar de las soluciones definitivas para este problema? ¿Cuándo vamos a empezar a instrumentar políticas de soberanía alimentaria que minimicen o directamente eviten todos estos problemas que hemos tenido? Nuestro país, que sin mayores problemas podría alimentar de 10 a 15 veces al tamaño de su población, ha tenido que estar privándose de alimentos de primera necesidad por su precio. Ahora, por su parte, a los productores de esos bienes no les ha ido nada mal: han tenido cosechas excepcionales y precios nunca esperados (la carne, el trigo, el arroz y la soja, para citar los más importantes, son claros ejemplo de esto). Mientras tanto, el pueblo ha tenido y todavía tiene que pagar precios de oro por ellos, o abstenerse de consumirlos. A esto debemos agregarle el agravante de que los sustitutos naturales de esos alimentos (papas, verduras y carnes blancas) estaban y siguen estando igual de caros. En poco tiempo más comienza la cosecha de trigo. No hay que ser un iluminado para estimar que el precio de los granos seguirá subiendo durante todo el año próximo por la existencia de una demanda agregada a nivel global que ya se sabe que no se podrá satisfacer tampoco este año. ¿Vamos a dejar que se exporte sin límite por los buenos precios del presente y que dentro de algunos meses debamos pagar por el trigo para el consumo interno a precios mucho más altos? ¿No vamos hacer algún tipo de acopio para asegurar el consumo interno y los precios, todo lo que pueda ser previsible, para el próximo año? ¿Permitiremos que la harina y el pan sigan subiendo y nosotros cruzados de brazos? Y con el arroz, del que sólo consumimos el 5% de todo lo producido, ¿vamos a dejar que lo paguemos a precios de exportación como ahora ocurre? Y con la carne, ya que no somos capaces de dar ninguna "suerte de estancia" como pretendía el Prócer en su Reglamento de Tierras, ¿no seremos capaces al menos de crear un Frigorífico Nacional que en algo regule los precios para el consumo interno? Y si queremos que el pollo vaya sustituyendo el consumo de carnes rojas, ¿no podríamos que algunos de los trabajadores que mencionábamos antes, también pudieran dedicarse a la cría de pollos? Sólo necesitan un pequeño espacio cerrado, los pollitos BB y la ración, y claro está, la decisión política para que lo hagan. Lamentablemente, eso es lo más difícil de concretar.

En definitiva de eso se trata: si no existe la voluntad política de cambiar, ni siquiera en lo más mínimo, las reglas de juego de la economía de mercado, por lo menos deberíamos mostrar la suficiente audacia para lograr mitigar los problemas que hemos padecido en estos últimos tiempos con algunas acciones como las que hemos comentado. Así y todo, no sería ni cercanamente lo que pretendíamos para este Gobierno soñado por más de treinta años. Por esto, mucho nos duele controvertir con compañeros que mucho apreciamos, pero la profunda convicción que tenemos de que, al menos, esta Administración debería estar allanando los caminos de inicio al largo trayecto que algún día nos llevará al socialismo, y no cerrando todas sus puertas, como lo está haciendo a cada medida que toma, justifican todas nuestras críticas. No vamos a dejar de hacerlas ni aún por el mayor de los respetos que le debamos a cualquiera de los compañeros que están en el Gobierno. Eso hace a la esencia del frenteamplismo, a la que nunca vamos a renunciar, ni aún por la acción de nuestros gobernantes.

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