En el año 2008 el Banco República aportó a Rentas Generales una suma superior a los 150 millones de dólares que se destinaron a la inversión social. Por esta vía el principal banco del país distribuyó sus ganancias excedentes con el resto de los uruguayos. Ganancias que, naturalmente, pertenecen a todos los ciudadanos, y que de este modo son devueltas a la sociedad para que sean canalizadas en educación, en salud o en otros fines sociales que mejoran la situación de vida de muchos de los compatriotas más desposeídos.
Y que algo así ocurra, puede parecernos muy extraño. En realidad, seamos sinceros, no estamos acostumbrados a ello. Es que, a decir verdad, para la mayoría de los uruguayos los bancos han sido sinónimo de quitarnos el dinero desde siempre, y en especial, cada vez que hemos tenido que pagar de nuestro propio bolsillo el vaciamiento, o el salvataje, de algún banco fundido.
Y, lamentablemente, mucho más de los deseados han sido los rescates de este tipo que hemos debido afrontar, por lo menos desde el Banco Transatlántico para acá, por poner inicio a una larga lista de instituciones financieras fallidas que sería muy larga de detallar.
Pero sin ir tan lejos, detengámonos en la última crisis financiera, la de 2002. Todos tenemos bien presente lo que ocurrió con el Banco de Montevideo, con La Caja Obrera, y con el De Crédito, bancos que fueron vaciados y/o fundidos. Todos padecimos en mayor o menor medida sus nefastas consecuencias y somos conscientes de que este “affaire financiero” le costó al país más de mil millones de dólares.
Crisis que no sólo afectó a la banca privada: sus remezones también repercutieron en la banca pública. Recordemos que el Banco República llegó a estar técnicamente quebrado en los años 2003 y 2004 y el Estado Uruguayo se vio obligado a asistirlo por más de 450 millones de dólares para evitar su colapso. Además, por si esto fuera poco, la banca estatal uruguaya debió padecer el “corralito financiero” que impidió el retiro de sus ahorros a miles de uruguayos. Corralito que dañó gravemente el prestigio del principal banco uruguayo, por la falta de confianza que esta medida trajo consigo, sobre todo ante la competencia de la banca privada extranjera, a la cual el Banco Central, presidido entonces por el recordado Rodríguez Batlle, no impuso una medida de este tipo.
En resumidas cuentas, entonces, el Banco República que recibió la Administración Progresista estaba técnicamente quebrado y seriamente desprestigiado. Es que, al igual que tantas otras cosas no mucho mejores con las que le tocó lidiar al nuevo Gobierno, la brillante y divertida administración blanquicolorada de Jorge Batlle, había dejado al República en la banca rota y en la peor posición comercial posible.
Una nacionalización silenciosa pero efectiva. Pero desde entonces y hasta el presente, la nueva Administración Frenteamplista del BROU no sólo ha devuelto los 450 millones de dólares de la asistencia que el Estado uruguayo le brindó en los momentos de zozobra, sino que, mucho más importante que eso, ha saneado en todo sentido a la Institución y le ha devuelto el prestigio que nunca debió haber perdido el Banco País.
Pues sí, el BROU desde 2005 hasta la fecha ha más que duplicado su patrimonio que hoy supera los 700 millones de dólares, ha incrementado de 4000 a 6000 millones de dólares sus depósitos, ha aumentado su participación en el mercado financiero ocupando el 55% de la plaza bancaria nacional, ha ganado 55000 nuevos clientes y las tarjetas BROU crecieron de 270 mil a 700 mil.
Y como siempre debió haber sido, pero muy raramente ocurría, ahora también, reintegra sus utilidades excedentes al resto de la sociedad a través de sus nada despreciables aportes a Rentas Generales, que en 2008 alcanzaron a más 150 millones de dólares.
¿No es así cómo debería haber funcionado desde siempre la banca pública uruguaya?
Creemos que sí.
Y no debemos olvidar que mientras que el BROU opera de este modo en Uruguay, los gigantes bancarias del Primer Mundo han debido ser asistidos por cifras inconmensurables, cifras millonarias en millones de dólares y también en millones de euros, para evitar la bancarrota del sistema financiero de los países centrales. Es que el capitalismo, otrora todopoderoso e inexpugnable, ha sido carcomido desde sus entrañas por la propia voracidad del sistema. Sistema que ha quedado desquiciado por su afán de lucro sin límites y por la especulación rampante que está en su esencia y que, en estos últimos tiempos de neoliberalismo exacerbado, ha encontrado su mejor y más pura expresión en banqueros rapaces y sin escrúpulos, que no sólo han llenado sus bancos de papeles sin valor en provecho propio, sino que han conseguido ir mucho más allá logrando socavar las estructuras básicas del modelo para dejar en el despeñadero a toda la economía real capitalista. A la que también ahora se le debe socorrer con nuevas cifras de doce ceros, como ocurre con el Plan de Reactivación de Obama, o con las decisiones del G-20.
Mientras que en el Primer Mundo estas gigantescas ayudas al sistema financiero y a la reactivación económica, a la larga o a la corta, significaran recortes presupuestales que perjudicarán a los más pobres, aquí en Uruguay, muy humildemente, el principal banco estatal uruguayo devolvió al resto de la sociedad 150 millones de dólares de sus ganancias excedentes, para que con ellos se cumplan fines sociales prioritarios.
¿No ha sido, entonces, la gestión del BROU una forma muy silenciosa, pero a la vez muy efectiva, de avanzar de hecho hacia una mayor nacionalización de la banca por motu proprio? Una nacionalización de lo más redituable ya que no impone ni expropiaciones ni costos extras para el Estado Uruguayo. ¿Cuánto más del sistema financiero nacional estaría en manos de todos los uruguayos si se hubiera procedido de igual forma y con igual éxito con el Banco Hipotecario del Uruguay y con el Banco de Seguros del Estado? ¿Acaso no ha sido esto lo que ha propuesto el compañero Mujica cuando habla de nacionalización de la banca, de seguir por este camino y de profundizarlo?
Estamos convencidos de que ha sido así.
Un debate que la Izquierda debe dar. Pero lo que más ha llamado la atención ha sido la respuesta de algunos sectores dentro del propio Frente Amplio contra esta propuesta, que directamente la han tratado de descalificar sin ningún tipo de argumentos valederos.
En primer lugar, no podemos ser tan ingenuos de creer que porque estos temas se pongan a la consideración pública, se vaya a ahuyentar o a poner nervioso a alguno de esos inversores extranjeros que vienen a “salvarnos” la vida. Seamos honestos con nosotros mismos y con nuestra tradición de izquierda: esos inversores no perderán la oportunidad de embolsar pingües ganancias a costa de nuestras riquezas naturales (cada vez que se lo permitamos hacer), así haya un banco extranjero, o cien en nuestra plaza. Ejemplos de esto que decimos sobran en el Mundo entero.
Por otra parte, tampoco nos parece que el planteo de Mujica sea inoportuno o inconveniente, sino todo lo contrario. ¿No son este tipo de asuntos los medulares para ir transformando la esencia del sistema neoliberal que tanto hemos padecido y denostado? ¿No son este tipo de asuntos los que deben ser considerados a conciencia dentro de la izquierda uruguaya, más aún cuando debemos enfrentar un segundo período de Gobierno que intenta profundizar los cambios? ¿Está mal defender la gestión del BROU y ponerla como ejemplo a seguir por el resto de nuestra banca pública, para que ésta siga avanzando y “nacionalizando” nuestro sistema financiero?
Quizás algunos compañeros vean inconveniente que nuestra banca estatal se haga cada vez más fuerte y hayan dicho que hasta aquí llegamos, que prefieran que el BHU se siga reduciendo a su mínima expresión y que el BSE se quede como está para no molestar a las transnacionales de los seguros, así a éstas les va un poco mejor aquí de lo que les va en el Primer Mundo. Pero si es así, que lo digan con todas las palabras y sin medias tintas. De un modo u otro, igualmente, el pueblo frenteamplista sabrá juzgar en consecuencia.
Por esto es que creemos, humildemente, que este debate debe ir mucho más allá y abarcar cuál tiene que ser el papel que las distintas empresas públicas deben desempeñar en el segundo Gobierno Frenteamplista. Concretamente, si vamos a propiciar que éstas sigan avanzado en beneficio de todo el pueblo uruguayo, o si vamos a seguir permitiendo que algunas sean avasalladas y despojadas de los monopolios que tantas veces defendimos desde el Frente Amplio.
En definitiva, plantear este tipo de discusiones, que muchos compañeros quieren rehuir o sencillamente descalificar sin más, agregan mucha luz acerca de quienes quieren verdaderamente avanzar por un camino de izquierda y profundizar los cambios dentro del Frente Amplio y quienes, sencillamente, no quieren hacerlo.
Es por esto, entonces, y por muchas razones más, que cada día que pasa queda más en claro que muchos de los cambios que no se pudieron concretar en estos primeros cinco años de Gobierno, sólo serán posibles si el compañero Mujica es nuestro próximo Presidente. Y convencernos de que sea así, nos ha devuelto la esperanza que muchos creíamos perdida. Quizás esta sea la mayor de las virtudes de Pepe. Por eso, la inmensa mayoría de los frenteamplistas apoyamos su candidatura en el último Congreso y seguramente, tanto o más, en Junio próximo también.
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